Objetivo
La respiración está presente en cada instante de nuestra vida. Aunque la mayoría de las veces pasa desapercibida, también posee un ritmo, una intensidad y un sonido propios.
Esta pausa es una invitación a descubrir la respiración como el primer paisaje sonoro que habita en nuestro interior.
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Busca un lugar en el que puedas permanecer con comodidad durante unos minutos.
Permite que el cuerpo encuentre una postura agradable y dirige la atención hacia el movimiento natural de la respiración.
No es necesario modificar su ritmo.
Simplemente observa cómo entra y sale el aire.
Si lo deseas, acerca una mano al pecho o al abdomen para acompañar la experiencia desde el tacto.
Poco a poco, presta atención al sonido que produce la respiración.
Quizá sea casi imperceptible.
Quizá descubras un aire suave al inspirar, un suspiro al espirar o pequeñas variaciones entre una respiración y otra.
Permite que cada respiración encuentre su propio tiempo.
Dedica entre cinco y siete minutos a esta escucha.
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Al finalizar la pausa, dedica unos minutos a reflexionar.
¿Cómo describirías el sonido de tu respiración?
¿Qué ritmo percibes en este momento?
¿Ha cambiado tu manera de escucharla a lo largo de la experiencia?
¿Qué has descubierto al prestar atención a un sonido que siempre ha estado presente?
Cada respiración es diferente.
Cada momento también.
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La respiración constituye uno de los ritmos biológicos más importantes del organismo y mantiene una estrecha relación con el funcionamiento del sistema nervioso autónomo.
Cuando dirigimos la atención hacia la respiración de forma consciente, aumentamos la percepción de las señales que proceden del propio cuerpo, un proceso conocido como interocepción.
La escucha de la respiración no persigue cambiarla, sino desarrollar una mayor conciencia de un ritmo que nos acompaña desde el nacimiento.
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A lo largo del día, regálate pequeñas pausas de un minuto para volver a escuchar tu respiración.
No importa dónde estés.
Solo formula una pregunta:
¿Cómo suena mi respiración en este momento?
Permite que cada respuesta sea diferente.
Porque, igual que cambia el paisaje sonoro del mundo, también cambia el paisaje sonoro que habita en nuestro interior.